📊 El dato: El 24% de los residentes de Miami-Dade — uno de cada cuatro — no se identifica con ninguna religión organizada, una de las proporciones más altas del país.

Lo que se ve: una ciudad católica
Miami por fuera es católica. El 18% de la población es católica hispana, las iglesias se llenan los domingos, y la Ermita de la Caridad en Coconut Grove sigue siendo el corazón espiritual del exilio cubano.

Lo que no se dice: la religión que vive en las casas
Pero hay otra fe que millones conocen y pocos mencionan en voz alta: la religión de los orishas — la santería, o como prefieren llamarla sus practicantes, Lukumí o Regla de Ocha.

Desde la Revolución Cubana, casi un millón de cubanos salieron de la isla trayendo la religión de los orishas a ciudades de toda América — particularmente Miami. Hoy se estiman unos 50,000 practicantes en el sur de la Florida — aunque el número real probablemente es mayor, porque muchos la practican en privado.

La conoces, aunque no lo sepas: los collares de colores, las flores en el río, la ropa blanca de los iyawós, las soperas en las casas de las abuelas. Muchos practicantes van a misa católica y bautizan a sus hijos, mientras practican Lukumí en casa — sin ver contradicción entre las dos.

Y aquí un dato de historia que casi nadie sabe: Hialeah cambió la ley de Estados Unidos. En los años 80, la ciudad de Hialeah prohibió el sacrificio de animales para frenar a la Church of the Lukumi Babalu Aye. El caso llegó hasta la Corte Suprema de Estados Unidos — y la iglesia ganó. Ese caso de Hialeah protege la libertad religiosa de todo el país hasta hoy.

Los que no creen — el grupo que más crece
Y mientras tanto, el grupo religioso que más crece en silencio no es una religión: entre los latinos jóvenes de 18 a 29 años, casi la mitad — el 49% — ya no se identifica con ninguna religión. Tus hijos y sobrinos, probablemente.

Pero "no religioso" no significa vacío. Dentro de ese grupo hay más diversidad de la que parece. Están los humanistas — los que creen en la bondad del ser humano sin necesitar un dios que la respalde. Los agnósticos — los que honestamente no saben y se niegan a fingir que sí. Los ateos — los que llegaron a una conclusión y la sostienen sin disculpas. Los espiritualistas sin religión — los que sienten algo más grande que ellos pero no le ponen nombre ni institución. Los escépticos — los que simplemente necesitan evidencia para creer en cualquier cosa. Y los que no encajan en ninguna categoría y prefieren que no les pongan etiqueta.

En Miami ese grupo es enorme, es diverso, y casi nunca se ve representado en la conversación pública. Pero está ahí — en tu vecindario, en tu trabajo, probablemente en tu familia.

Opinion Final:

En una ciudad donde llegamos de tantos lugares distintos — Cuba, Venezuela, Colombia, Haití, Nicaragua — la fe también llegó en maletas, en collares, en biblias y en memorias. Cada comunidad trajo su forma de hablar con lo que no se ve. Y aquí, en el 305, todas esas formas conviven en el mismo vecindario, a veces en la misma familia, a veces en la misma persona.

Lo que no se dice en voz alta es que esa mezcla es una de las cosas más hermosas que tenemos. No necesitamos creer igual, rezar igual, ni llamarle lo mismo a lo sagrado para ser vecinos. Para cuidarnos. Para ser el 305.

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